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  • Vacaciones kayakistas en Noruega- Capítulo 5 - el río Jolstra y el río Gaula

    Crònicas por Silvia Ocaña y Aitor Arce

    Todo estaba planeado para pasar unas vacaciones remando en los Alpes. Pero las notícias alpinas más frescas no son muy alentadoras: apenas queda agua en los mayores ríos y ninguna en los pequeños. Armados con tansolo una guía conseguida por internet deciden poner rumbo a... NORUEGA


    Aitor en el Jolstra, perfecto para nuestro nivel y exigente

    El penúltimo río que bajamos fue el Jolstra. El tramo empezaba en un lago y terminaba en una presa. Era un río de volumen e iba muy cargado de agua. Bajamos con precaución pues no teníamos salvo una pequeña descripción de la guía de internet.

    En principio no debíamos encontrarnos con grandes dificultades. El descenso comenzaba tranquilo, en el lago, y tras pasar agachando la cabeza por un puente se ponía divertido. Grandes olas, eses, y algunos rulos bonitos para hacer rodeo nos entretenían.

    También nos encontramos con dos rulos de esos que mejor no te pillen. Nos sorprendió que la guía no avisase de tales peligros, pues alguno era serio, aunque ya a estas alturas sabemos que no hay que fiarse de ninguna guía, ni del vecino del pueblo que cruza el río, de ni de ningún experto en lo que a ríos se refiere. Solamente escuchar atentamente y fiarse de lo que uno ve y ser precavido con lo que no ve. Nos encontramos con rápidos bastante largos y fuertes. Navegar en volumen es diferente a navegar en ríos alpinos.

    Otra vez nos sorprendía la fuerza del agua y la velocidad. Y algunos rápidos eran muy largos. Nos topamos son uno en el que no veíamos el final. Anduvimos por la orilla trepando, saltando, medio nadando hasta llegar a ver más o menos todo el rápido aunque sin llegar a ver el final. Era un fuerte rápido muy continuo con un feo rulo en un punto y bastante más abajo otra sección en la que el agua se volvía violenta, pero aparentemente sin peligro.

    En un descenso de dos personas es difícil asegurar un rápido así. De modo que tras plantear si hacerlo o no Aitor decidió bajar cocineando hasta pasar el rulo peligroso y ya después lanzarse a gozar de la otra mitad del rápido. "Es extraño bajar en solitario durante tanto tiempo, me recordó a cuando era bastante novato y se hacían las carreras en el Piqueras, aquellas contrarreloj en solitario".

    La sensación fue parecida, de tener que valerse uno por si solo y de tener que ser "infalible". El descenso fue muy veloz ya que el agua iba "enchufada". Silvia decidió salirse hasta la carretera debido al trabajoso porteo que tenía por la orilla. Aun así tuvo que cruzar prados de vacas, un tramo de bosque, dos alambradas y caminar un buen trecho de carretera. Embarcamos antes de que terminase el rápido para disfrutar el río hasta el final, bueno, y sobre todo para llegar al coche, que previamente habíamos dejado en el desembarco.

    Volvimos a cruzar otro rulo feo, y un par de rápidos más abajo terminó el descenso. Y he aquí que vemos que bajan dos rafts de clientes y un ...hidro! Asombroso. Hablamos con los guías y nos disuadieron de bajar un río que habíamos pensado en hacer. Muy peligroso nos dijeron, y nos recomendaron otro.


    Llegó la hora de partir: Hasta la próxima

    El Gaula. Así que allá fuimos a verlo. Eran unos siete kilómetros de grado uno, agua plana, con tres pasos diabólicos repartidos. Enormes desniveles muy inclinados, maniobreros, ultrapasados de agua, etc... No sabíamos si nos habían tomado el pelo o qué. Pero nos acordamos bastante de sus respectivas familias. Así habiendo perdido media jornada decidimos hacer un poco de turismo de cascadas por la zona. La parte alta de este río era conocida como la ruta de las cascadas. Unas 27 cascadas, de las cuales una de 14 metros era de tamaño medio constituían el recorrido. Todo ello en un valle precioso.

    Y cuando ya nos marchábamos, el último día, logramos rematar el viaje con un último descenso.

    Estando en Kristiansand, en la punta sur de Noruega, nos acercamos al pueblo Evje, donde había una empresa de rafting. Allí nos dijeron que había un río en la zona que ellos hacían con clientes y que era fácil. Así, nos acercamos, y después de un superdesayuno hicimos el rápido de este río, ya que el resto era más o menos plano. Un anchísimo desnivel con varias líneas posibles y bastante largo, más o menos doscientos metros fue nuestra remada de despedida. Pudimos repetir el tramo que más nos gustó, y disfrutar, otra vez, del volumen y rapidez de los ríos Noruegos.

    Lo que comenzó como un viaje improvisado se fue fraguando en un viaje muy positivo. Además de los aspectos piragüísticos del viaje en el que comprobamos la cantidad, calidad y diversidad que ofrecen los ríos de Noruega descubrimos un país que nos ofreció posibilidades óptimas para viajar pernoctando en lugares paisajísticamente interesantes. Nos acompaño un fenómeno, además, tan interesante como que nunca oscurece, en Julio, añadiéndole un toque curioso al viaje y que de paso nos posibilitó aprovechar todo lo que quisimos las horas del día, que alguna vez llegaban a ser demasiadas.

    Además tuvimos la sensación de estar en un país realmente seguro, en el que uno puede, si habla algo de inglés, comunicarse con cualquiera y en el que la gente es amable. Un viaje que os recomendamos sin duda alguna y que reméis más o reméis menos os fascinará.

    Un abrazo a todos!