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  • Vacaciones kayakistas en Noruega- Capítulo 4 - el río Astre y Geiranger.

    Crònicas por Silvia Ocaña y Aitor Arce

    Todo estaba planeado para pasar unas vacaciones remando en los Alpes. Pero las notícias alpinas más frescas no son muy alentadoras: apenas queda agua en los mayores ríos y ninguna en los pequeños. Armados con tansolo una guía conseguida por internet deciden poner rumbo a... NORUEGA


    Silvia en el comienzo del río Astre: un bellísimo entorno.

    Después de tres días de descanso piragüistico entramos en el río Astre. Por las referencias de las que disponíamos era fácil y corto. Así que nos metimos los dos solos. Lo más destacable fue el entorno rural que cruzaba, granjas que recogían hierba y la empaquetaban para consumo ganadero.

    El descenso fue muy fácil a través de un ancho río con bastante agua pero sin más emociones que un rulo un poco juguetón y alguna que otra ola sin llegar nunca a sobrepasar el tercer grado. Y aquí confirmamos una de las cualidades de los ríos noruegos. No hay que fiarse de nada. Tras el tranquilo descenso y justo después del desembarque venía un rápido por el que no me gustaría nada bajar. Un potentísimo cañón, con un estrechamiento que removía el agua y golpeaba sus afiladas paredes de forma salvaje. Y no avisaba.

    Esto es algo que vimos en muchos lugares. Una tranquila curva de grado tres escondía detrás un rápido un poco más difícil, y éste otro hasta llegar a infranqueables de muerte segura. O sucedía de repente. No son ríos que admitan despistes ni equivocaciones por sencillos que aparenten.

    La próxima excursión fue al fiordo más bonito del mundo, según rezaba la publicidad, y sin saber si es así pues por desgracia no hemos visto todos, la verdad es que nos encantó. Entre paredes de mil metros y grandes cascadas el mar penetraba hasta el pueblecito turístico de Geiranger.

    Saliendo desde aquí recorrimos durante varias horas este profundísimo fiordo y visitamos los grandes saltos que adornan sus enormes paredes, algunas de roca y otras repletas de arboles, este panorama nos maravilló. Paseamos tranquilamente por aquellas aguas tranquilas donde unos pocos botes pescaban, otros daban una vuelta, algún barco de crucero llevaba a los turistas frente a los puntos más espectaculares, etc...

    Al siguiente día visitamos un gigantesco glaciar colgante en Briksdal. De él descendía un río que apetecía... pero sólo para dos era demasiado río, o al menos utilizamos esa excusa para dejarlo estar, echarle un ojo y marcarlo en la agenda para alguna posible próxima vez.


    Silvia en una enorme pared llena de firmas en Geiranger.