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  • Vacaciones kayakistas en Noruega- Capítulo 1 La llegada, el río Sjoa y el Amot Gorge

    Crònicas por Silvia Ocaña y Aitor Arce

    Todo estaba planeado para pasar unas vacaciones remando en los Alpes. Pero las notícias alpinas más frescas no son muy alentadoras: apenas queda agua en los mayores ríos y ninguna en los pequeños. Armados con tansolo una guía conseguida por internet deciden poner rumbo a... NORUEGA


    Foto de bienvenida a Noruega: Rio Sjoa

    Nuestro plan inicial era recorrer los Alpes con la excusa de bajar una selección de ríos especiales, escogidos por su belleza, recorrido e interés deportivo. Pero este plan se fue al garete cuando hablamos con Rafa y Linsay, recién regresados de allí. Nos contaron que apenas quedaba agua en los mayores ríos y ninguna en los pequeños. A dos días de nuestra salida nos encontrábamos sin plan para nuestras vacaciones.

    Meses atrás habíamos estado pensando en ir a Noruega, pero dadas las pocas ocasiones de remar que hemos tenido este año no nos vimos en forma para los ríos que allí nos comentaron que había: ríos para ir con el punto, en forma y en grupo. Teníamos una guía que nuestro amigo Alex nos consiguió de internet, y nada más. Nada, salvo muchas ganas de mojarnos y refrescarnos para descansar de la sequía y del calor. Pensando en viajar más que en hacer ríos y confiando en que encontraríamos algo asequible y no sólo ríos de alto nivel decidimos ir a Noruega.

    Salimos de Madrid el 2º día de Julio, en furgoneta, llevándonos un montón de comida, dos piraguas, 4 palas (prevenidos de que allí podría pasar de todo), ropa de toda clase, una guía de turismo, etc... Aprovechamos el recorrido para conocer algunos puntos por los que pasamos y también para descansar de tanto conducir y estirar un poco los músculos, así, vimos Brujas, Odense, Copenage, Kungalv, Oslo... hasta que llegamos, por fin, 3730 km. después al Sjoa.

    Sjoa es un pequeño pueblo en el que confluyen dos grandes ríos, el Sjoa y el Lagen. Es también un buen lugar para instalar un campamento base y acceder desde allí a los muchos ríos que hay en las cercanías.

    Allí nos reunimos con Ian y Pau, del Pallars, que llevaban allí unos pocos días más que nosotros. Con ellos remamos los ríos que hicimos en aquella zona. Nos pusieron al día sobre la situación. Estabamos en pleno deshielo debido a que junio había sido muy frío y la nieve de las zonas altas, que era mucha, comenzaba ahora a derretirse, por lo que el volumen de casi todos los ríos era excesivo y sólo unos pocos eran navegables.



    Haciendo amigos en Astre: Amenizaron con toda confianza un descenso tranquilo

    Nuestra toma de contacto fue en el río Sjoa. Queríamos empezar poco a poco, conociendo la fuerza de los ríos noruegos, su graduación, sus peculiaridades y demás. Escogimos dos tramos de clase 3-4 y los unimos, junto con otro tramo encañonado al final, de guinda. El Sjoa resultó ser un río muy interesante. A pesar de que la graduación no era alta fue un descenso muy emocionante debido al gran caudal.

    El río era muy ancho, más de 50 metros y descendía valle abajo veloz. Una vez dentro tuvimos la sensación de estar en el mar, por las olas que nos movían arriba y abajo, a izquierda y a derecha, mientras que por el rabillo del ojo veíamos como corrían las orillas hacia atrás. El agua, limpia y fría, no descansaba.

    Desde el embarque hasta el desembarque apenas encontramos remansos. Y recorrimos en tres horas treinta kilómetros casi sin enterarnos. Casi. Nuevas sensaciones en nuevos ríos. Las contras, los deflectores, los rulos, las olas... todo tenía un tamaño y potencia que para nosotros era desconocido y sorprendente. Las paredes eran de pizarra, con aristas y algún que otro feo drosaje. Había que remar con ganas para cruzar el río, corregir la dirección, entrar en una contra o para cualquier otra cosa que en un río de los conocidos hasta entonces conseguíamos con un sencillo gesto. El río exigía forma física. Y resistencia.

    A partir de aquí comenzaba Amot Gorge, o el cañón de Amot. Silvia optó por salirse, por si acaso. Sabía por experiencia que lo que parece fácil desde la seguridad de un puente alto, puede transformarse una vez que uno está con el agua al cuello.

    En efecto, este tramo, que desde la carretera parecía una "chorrada", sorprendía, gratamente, por las sensaciones que nos otorgaba. Un par de kilómetros nada más. Lo que desde el puente desde el que lo miramos parecía un rulillo, o un deflector de nada eran una vez en el agua un rulazo como una furgoneta o un chorro de agua que nos mandaban de un lado del río al otro como si nada. Había que agarrar fuertemente la pala, respirar profundamente y si era posible no volcar. Salimos con la respiración entrecortada, con mucho calor en el cuerpo y con una gran sonrisa de satisfacción. La sensación fue la misma que hacer "La Chicane" del río Ara cuando lleva mucha mucho agua, pero durante mucho más tiempo y en un río realmente grande. Increíble... y no tocar ni una sola roca en todo el descenso fue muy gratificante, un alivio, por fin, que raras veces podemos conseguir en los ríos de casa.