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  • 4 días, 4 noches y 4 horas - Capítulo 1

    De la costa del Garraf (Barcelona) a Menorca en kayak plegable

    Por: Xavier Kirchner (Publicado en Skipper Agosto 2003 nº 244)

    Escribo estas líneas mientras navego a 35 nudos con rumbo 322, de vuelta a Barcelona a bordo del “Ramón Llull” de Balearia. Serán menos de tres horas de travesía. La ida me tomó cuatro días, cuatro noches y cuatro horas. La hice remando en mi kayak y mi velocidad de crucero no superó los 3,3 nudos.

    Qué necesidad tenía de hacer esa aparente locura a mis 55 años? Evidentemente ninguna. ¿Qué motivo tenía? Disfrutar de la convivencia con el mar. Tengo un kayak plegable desde hace unos años y con él y en compañía de Pilar, que hasta hace poco era mi mujer, he bajado ríos y seguido costas en varios países del mundo, navegando durante el día y durmiendo en playas por la noche. Un kayak plegable es llevar un barco en el equipaje. Te permite ir a cualquier lugar en transporte convencional, tomar un taxi o equivalente hasta la playa más cercana, montar allí tu barco y seguir, navegando en forma autónoma a donde te apetezca.

    Como bien dice Ralph Diaz en su libro Complete Folding Kayaker , navegar en un kayak plegable es un deporte muy adecuado para la “3ª edad”. No son muy rápidos pero son muy estables y la forma correcta de navegarlos es con suavidad, en armonía con el medio, tomando todo el tiempo que haga falta.

    • ¿Cómo me protegía del sol? - FAQ

    • Llevaba sombrero de ala ancha Tilley (el mejor sombrero del mundo para aventuras de ese tipo), camiseta de algodón manga corta y crema solar factor 15 aplicada a primera hora de la mañana y varias veces a lo largo del día. También gafas de sol tipo “ciclista”, de las que cubren buena parte de la cara, de cristales cambiables. El sombrero de ala ancha y las gafas me protegían asimismo de las salpicaduras del agua de los remos, que inevitablemente el viento lleva a la cabeza y la cara.

    Hace unos meses empecé a pensar en la posibilidad de una travesía de varios días en mar abierto, durmiendo en el kayak. Al inicio fue un planteamiento teórico, explorando el tipo de problemas que podría encontrarme y cómo los solucionaría. Tengo por costumbre no considerar imposible “a priori” ninguna cosa. Un proyecto, una aventura, un reto, no son imposibles hasta que se encuentra algo que realmente los haga tal, no antes. No me planteaba montar una aventura en el límite de lo posible, no soy de ese tipo de personas, se trataba de planificar un viaje en solitario y una convivencia con el mar en forma más o menos placentera. En mis ratos libres iba intentando imaginar las situaciones con las que me podría encontrar y las formas en que obviaría cada dificultad. ¿Cómo combatiría el frío y cómo dormiría en un medio inevitablemente húmedo? ¿Cómo evitaría que el viento me hiciese perder camino mientras dormía o descansaba? ¿Cómo señalaría mi posición a los barcos que podían embestirme si me descuidaba? ¿Qué comería para mantener mi cuerpo realizando un esfuerzo relativamente suave pero continuado durante más de 12 horas diarias de remo? Evidentemente era una aventura para hacer en condiciones de tiempo óptimas, pero ¿qué haría si se levantaba un temporal?

    En un determinado momento de mis elucubraciones me convencí de que la “aparente locura” parecía ser eso “aparente”, que la travesía era perfectamente realizable, que tenía todos los visos de ser una experiencia inolvidable y, como es lógico, me entraron unas ganas irreprimibles de hacerla.

    • ¿Cómo me hubiese protegido del frío, si lo hubiese hecho? - FAQ

    • Llevaba preparado para poner sobre la lycra un conjunto de chaqueta de Goretex y forro polar. Mantiene el cuerpo caliente sin que te quedes empapado por dentro por el sudor del esfuerzo de remar.

    Me gusta mucho la montaña, pero también mucho el mar y navegar por mar, aunque sea en un kayak, tiene dos ventajas: el mar es más o menos plano y no debes acarrear el equipaje a cuestas, ventajas que son importantes, sobre todo cuando acumulas, como es mi caso, suficiente número de años para que las articulaciones empiecen a crujir y los músculos a chirriar.

    Conozco bastante el mar cuando no es un medio apacible. En el mar he vivido mis experiencias físicamente más duras, más que en ningún otro deporte de contacto con la naturaleza, pero sé perfectamente que, como sucede con las personas, como sucede en muchas situaciones de la vida, si se establecen las expectativas y la relación en la forma correcta, el riesgo de una crisis importante es mínimo.

    • ¿Cómo me protegía del fresco? - FAQ

    • A 50 cm del agua de mar, que está a unos 24ºC no hace un calor excesivo y realmente refresca durante la noche, aún en los días más calurosos y con menos viento – Cuando sentía frío me ponía un conjunto de 2 piezas de lycra ajustado al cuerpo. Aunque llevaba también el modelo de manga corta, acabé vistiendo siempre la parte superior de manga larga. Evidentemente esa ropa permaneció mojada a partir de la primera tarde pero se calentaba nada más ponértela y funcionó a la perfección.

    Desde el principio pensé mi viaje como una travesía entre Barcelona y el puerto de Fornells en Menorca. Me gusta Menorca, me gusta Fornells y salir de los alrededores de Barcelona simplificaba la aventura. No es, ni mucho menos, la distancia más corta entre la península y las Baleares, pero yo no me proponía estar el mínimo tiempo posible.

    Mi excursión eran unas 130 millas, entre 4 y 5 días si las condiciones no eran muy desfavorables. Eso era mi objetivo teórico, Fornells era mi “Ítaca” por decirlo de alguna manera, pero mi objetivo real, como en la poesía de Kavafis, era el viaje en sí, la convivencia con el mar confiándome a él, integrándome con el medio.

    Por esa razón pensé en llevar bebida y provisiones para diez días y tenía claro que podía terminar en Menorca, en Mallorca o en cualquier punto de la costa de Levante.

    Un ancla de capa de 2 m de diámetro que diseñé y construí yo mismo debía permitirme mantener mi posición estable y la proa del kayak orientada a las olas aún en temporales de fuerza considerable. Pudiendo comer, beber, dormir y mantener una posición estable en cualquier circunstancia y durante días, ¿dónde estaba el problema?

    Una de las cosas que me animó a seguir adelante una vez empecé a dar forma al sueño fue que ni mi familia ni ninguno de los amigos a los que comenté mi proyecto dudó ni un momento de que lo haría, que sobreviviría al intento y que me lo pasaría bien haciéndolo. Con la confianza de tantas personas queridas ¿cómo iba a salir mal?

    Una travesía de varios días en kayak debe hacerse con un pronóstico de tiempo lo más parecido a la “calma chicha” para toda la duración de la aventura.

    Eso fue lo que encontré yo cuando el jueves 12 de junio cuando consulté por Internet la previsión meteorológica de la USA Air Force, un “pantano barométrico” que se mantenía en todas las previsiones hasta 120 horas. Un pronóstico de calma de varios días, combinado con la luna llena que estaba próxima, era más de lo que podía soñar.

    Me quedaban una montaña de pequeños detalles por cerrar y a eso dediqué todo el día y la noche del viernes 13; provisiones, pilas, un pequeño “walkie” VHF que mi amigo José-Luis Ferrer se empeñó en que llevase conmigo, cosa que le agradecí infinito durante la travesía, mosquetones y unas bengalas de auxilio que me parecieron baratas cuando las compré casi sin mirarlas en una tienda del “Port Vell” de Barcelona y que, ya en el mar vi que estaban caducadas de más de dos años. Quien me las vendió no me advirtió de nada, eso sí, se excusó de no poder darme un recibo porque “el sistema no funcionaba” – el mundo de la mar en nuestro país está por desgracia lleno de piratas todavía …

    • ¿Por qué no llevaba traje de neopreno? - FAQ

    • Gracias a experiencias de terceros, aprendí que los trajes de neopreno, llevados en forma continuada y fuera del agua durante horas, acaban produciendo erosiones en la piel. Además en un kayak no se tiene la libertad de movimientos para ponerse y sacarse un traje de neopreno, especialmente si el mar anda algo revolucionado.

    Pese a mi experiencia en largas travesías en kayak, quizá precisamente por eso, la noche del viernes se me fue en algo que es tan importante como conseguir las cosas que nos pueden ser necesarias: distribuirlas en bolsas estancas y pensar en su colocación en el kayak de forma que pudiera acceder a lo que se necesita en el momento en que se hace preciso, quizá en medio de un temporal y con la libertad de movimientos muy reducida.