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  • Travesía en kayak de mar en el Glaciar Viedma (Patagonia, Argentina) - Capítulo II

     


    Un Blanco Amanecer...

    Lo primero que hice al bajarme del kayak fue sacarme el traje de neopreno y ponerme ropa seca. Estaba muy frio y al detenernos se sentía.

    Con las ultimas luces del día, y que eran pocas, armamos el campamento. Lo genial era que cada uno estaba concentrado en una tarea y en minutos teníamos todo listo.

    Miguel no pudo con su genio y salió a explorar un poco.

    La noche se nos vino encima pero no nos tomo desprevenidos. Cenamos unos ravioles con salsa rosa deliciosos que cocinaron Mela y Sissi, mientras la charla se animaba disfrutando de unos vinitos que llevamos para esta ocasión. Quiero aclarar que fueron llevados especialmente ante el pedido de Miguel que condiciono su participación si no contábamos con un stock de "x" cantidad de botellas que no quiero decir para que no crean que fue exagerado llevar casi un tambucho de vinos... bueno, se pueden dar una idea.

    La reconfortante cena se hizo bajo la garua que apenas molestaba.

    Fui el primero en acostarme, el resto no demoro mucho más.

    La garua se transformo en una balacera contra el techo de nuestra carpa. Plácidamente nos dormimos.



    Foto con el Viedma!... Foto, Foto, Foto, Foto

    Y si, ahí estábamos, solos, llenos de hielo.

    Ahora que lo pienso, no estuvimos mucho tiempo frente al glaciar. Hicimos las fotos y emprendimos el regreso.

    Cada tanto hacíamos catamarán (juntando los botes) para relajarnos y tomar algo caliente que siempre reconforta.

    La vuelta me entusiasmo. Sentía que, con cada remada, me ganaba la cena de ese día.

    Un par de paradas se hicieron de regreso. Milthon quería algunas fotos mas del refugio del Mascarello, momento que Martin aprovecho para convertir el pedal roto de su timón en un estribo, cosa que le permitió gobernar el kayak hasta el regreso. La otra parada, en una playita increíble que sentíamos que nunca íbamos a alcanzar. El frio y el cansancio estaban actuando.

    Se había planteado una noche de campamento entes de cruzar el seno Moyano pero había sido tanta la suerte que algunos pensamos en no tentarla. Y si al día siguiente se desata el vendaval ? Teníamos comida para rato si era necesario esperar el buen tiempo, pero asegurar el cruce me dejaba más tranquilo.

    Bajamos en la costa. Tenía los pies helados. Otra vez la noche nos apuraba. Rápidamente nos organizamos en el Observatorio de Huemules, nuestro refugio.

    De lejos pude oler el asado que Milthon cocinaba mientras aseguraba mi kayak junto al galpón de esquila. No me gustaba la idea de dejarlo muy expuesto, mas habiendo visto alguna vez como el viento se llevaba una canoa por el aire y la destrozaba contra el suelo, a cientos de metros de, donde dos segundos antes, estaba. Parecía exagerado pero...

    El asado estuvo fabuloso, el calor del fuego hipnotizante.

    Que hacemos mañana?


    Okupas en la Casa del Ranger

    Nos levantamos temprano, o más o menos temprano. Desayunamos y merodeamos el lugar antes de irnos.

    -"vamos a lo de Martin, vemos fotos, filmaciones, liquidamos lo que quedo de comida y nos volvemos al día siguiente " propuso Milthon. Unánime, apoyamos la propuesta.

    Nuevamente paramos en La Leona. Dejamos el tráiler con los kayaks y nos fuimos para El Chalten.

    A medida que avanzábamos, por la RP 23, la nieve se hacía más abundante. Lástima que por lo cerrado del cielo no podíamos ver los cerros a cuyos pies habíamos estado los días anteriores.

    El Chalten estaba bajo nieve, aletargado.

    Invadimos la cabaña de Martin, apropiándonos del calor de la cocina a leña y del sofá, disputado cada vez que se lo dejaba libre.

    Disfrutamos las fotos, comimos, vimos los videos, comimos mas, charlamos de formar una agrupación kayakismo o club o algo y volvimos a comer.

    Por la mañana, al día siguiente regresamos a El Calafate.

    Se viene la temporada, trabajo, obligaciones y, una vez más, el placer de saber por qué vivimos aquí.