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  • Travesía en kayak de mar en el Glaciar Viedma (Patagonia, Argentina)

    Por Pablo C. Antimi Rivera (http://www.pabloantimi.blogspot.com/)

    Gracias a Pablo, publicamos la cronica de una expedición en kayak por la Patagonia Argentina.

    Miembros de la expedición: Guardaparque Laura Iribarren, Guardaparque Martin Gray, Miguel Alonso, Mariano Minich, Sissi Langraf, Milthon Rischmann y quien escribe, Pablo Antimi Rivera


    Como fue...

    Hay invitaciones que no se pueden rechazar: un café, una buena película,... una travesía en kayak al Glaciar Viedma. Esta última, menos que menos.

    Todavía estaba en Ensenada de vacaciones, y el inminente regreso a El Calafate, ahora tenía otro sabor. Solo un par de reuniones fueron suficientes para coordinar todo.

    El plan estaba trazado: zarpar desde Ea. Helsingfors, cruzando el temible Seno Moyano (digo, temible por los vientos) y remar costeando la cabecera oeste del Lago Viedma.

    Nuestro destino, el frente del Glaciar Viedma, el Glaciar más grande del Parque Nacional Los Glaciares, que con sus 978 km2 es casi cuatro veces más grande que el Glaciar Perito Moreno y casi cinco veces la superficie total de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

    Si bien estábamos en pleno invierno y las temperaturas se venían presentando bastante bajas y con heladas fuertes, teníamos a favor la ausencia de viento que caracteriza al invierno en Patagonia.

    Tres días antes de la expedición comenzamos con los preparativos. La adaptación del tráiler de Milthon para poder llevar los kayaks. Las compras de víveres grupales, que solo se centraron en "Picada" y "Cena", pues acordamos que cada quien se lleve su desayuno, almuerzo y merienda ya que estas comidas, por las características de la salida, deberían ser rápidas para no demorarnos. Todo lo contrario con las picadas y cenas, mas calóricas, potentes y exquisitas (si, hasta navegamos con un asado en el tambucho del kayak).



    En Marcha

    Por la mañana emprendimos nuestro viaje.

    La primera parada seria en La Leona, para encontrarnos con la gente de El Chalten.

    Mientras esperábamos, tuvimos tiempo para charlar, un cafecito y volcar medio frasco de azúcar en mi café...

    A la llegada de Martin y Mela organizamos el equipo en las camionetas para recorrer los 70 kilómetros hasta la estancia Helsingfors.

    En el camino la conversación se centro en la estabilidad del tiempo, nublado y frio pero calmo, bueno para remar.

    Una vez en la estancia mí atención estuvo en el lago, pensé que sería mejor ver el casco de la estancia a la vuelta. En realidad todos comenzamos a preparar los botes para echarnos al agua cuanto antes.

    El estibaje nos demoro poco más de una hora, tarea que se debe realizar tranquila y correctamente, "una vez", para no estar poniendo y sacando cosas de los tambuchos a los apurones por la ansiedad de ir al agua.

    Uno a uno, como patitos detrás de su mamá pata, fuimos zarpando. Mi felicidad era plena. Estaba remando en un lugar alucinante y recién empezábamos...

    El cruce del seno no demoro más que unos 20 minutos. Suficiente para acostumbrarme al kayak cargado, pesado y probar la flotabilidad secundaria con movimientos de cadera un poco tímidos, no sea que por probar diera un vuelco.

    Recorrimos una pequeña bahía, nos acercamos a unos paredones y aprovechamos para hacer fotos.

    La primera parada fue en el puesto que está justo frente a la estancia, en la base del Cordón Mascarello. Inspeccionamos la construcción, que está en bastante mal estado, casi sin techo pero que seguramente, en algún momento, dio cálido refugio con su salamandra (hasta piso de parquet tenia).

    Almorzamos, charlamos un rato y no perdimos demasiado tiempo, había que seguir. La idea era acampar en el puesto que se encuentra en la boca del valle del Rio Mascarello, a poco más de 6 km desde donde nos encontrábamos.

    Mientras remábamos, todo alrededor se presentaba increíble.

    Desee poder filmar con los ojos!, porque hacia donde mirara la escena era mágica: a mi derecha, la desmesurada superficie del Lago Viedma; a mi izquierda, mis compañeros remando y el colorido de las vestimentas y los kayaks contrastando con el faldeo oscuro de la montaña y el turquesa del agua; hacia atrás, dejábamos el último vestigio humano para ir hacia adelante, atraídos por el llamado de lo salvaje. Mi mente... extasiada.

    No nos costó trabajo divisar el rancho, también en muy mal estado. Mariano estaba convencido de que habría otro más, el resto dudamos. Estaba tan seguro que dimos crédito y seguimos un poco más. Nada. Como la costa se volvía mas abrupta, detuvimos la exploración en ese punto y armamos el campamento en un muy buen lugar, plano, salpicado de bloques erráticos, con cariño "Campamento Minich" a partir de entonces.


    La Toldería

    Lo primero que hice al bajarme del kayak fue sacarme el traje de neopreno y ponerme ropa seca. Estaba muy frio y al detenernos se sentía.

    Con las ultimas luces del día, y que eran pocas, armamos el campamento. Lo genial era que cada uno estaba concentrado en una tarea y en minutos teníamos todo listo.

    Miguel no pudo con su genio y salió a explorar un poco.

    La noche se nos vino encima pero no nos tomo desprevenidos. Cenamos unos ravioles con salsa rosa deliciosos que cocinaron Mela y Sissi, mientras la charla se animaba disfrutando de unos vinitos que llevamos para esta ocasión. Quiero aclarar que fueron llevados especialmente ante el pedido de Miguel que condiciono su participación si no contábamos con un stock de "x" cantidad de botellas que no quiero decir para que no crean que fue exagerado llevar casi un tambucho de vinos... bueno, se pueden dar una idea.

    La reconfortante cena se hizo bajo la garua que apenas molestaba.

    Fui el primero en acostarme, el resto no demoro mucho más.

    La garua se transformo en una balacera contra el techo de nuestra carpa. Plácidamente nos dormimos.