El
Islandis
Las sensaciones que particularmente experimento
son increíbles, el sol brilla y la gama
de colores que veo en un frente glaciar de
10 kilómetros de extensión con
paredes de 80 metros de altura van desde el
blanco más puro hasta el azul más
intenso. Constantemente están cayendo
seracs, la sensación de naturaleza en
su estado puro es plena, la libertad que siento
en ese momento es ilimitada. Me doy cuenta
de la ínfimos que somos ante la grandiosidad
de la naturaleza.
Montamos el campamento en una playa frente
al glaciar, junto a un pequeño río.
El ritmo del grupo es lento pero no importa,
nos esperan cuatro noches en uno de los parajes
más bonitos que he visto en toda mi
vida. Parece que el tiempo se detiene, sin
embargo tenemos que aprovecharlo, hay mucho
que ver y mucho que hacer. A lo lejos se intuyen
unas nubes acercándose. No nos gustan,
no desearíamos tener que pasarnos un
día metidos en la tienda, pero en Groenlandia
todo es posible. A última hora de la
tarde comienza a caer una ligera lluvia que
con el paso del tiempo se va haciendo más
intensa, esto nos preocupa un poco ya que hemos
instalado el campamento junto a un pequeño
río que vemos como va aumentando de
caudal. A las cinco de la madrugada el
río
ha crecido mucho, tenemos que cambiar el campamento
de lugar y situarlo en una pequeña loma
protegido de la crecida. No cesa de llover,
tenemos que cocinar en las tiendas y nos ha
pasado lo que tanto temíamos, el primer
día en el frente glaciar lo hemos pasado
metidos en las tiendas.
El día siguiente amanece nublado pero
sin llover, nos levantamos temprano, debemos
recuperar el día perdido, cogemos los
kayaks y recorremos el frente glaciar en toda
su extensión, el día mejora y
a media mañana luce el sol. Por la tarde
decidimos hacer una pequeña excursión "andando" por
un valle lunar en dirección a un gran
lago donde pescamos salmones para la cena.
Empieza a refrescar, el cielo está despejado
y de repente unas luces verdes empiezan a jugar
por todo el cielo, es la aurora boreal, el
espectáculo es sobrecogedor, además
tenemos la suerte de gozar luna llena, no podemos
pedir más.
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