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  • Travesía en kayak de mar, por la costa SW de Córcega

    Por Cesar Moratinos (http://kayakdemarcantabria.spaces.live.com/) Por cortesia de Cesar Moratinos publicamos su relato de la travesia que realizó por la Costa sur oeste de Córcega, entre Ajaccio y las Islas Lavezzi. Des de topkayak os recomendamos su blog:(http://kayakdemarcantabria.spaces.live.com/)

    Anochecer en Campomoro

    Tercer día - de Cala D’Orzu a la bahía de Campomoro

    El amanecer es increíble, que paz... un mar en calma y el cielo precioso, los compañeros se van despertando uno a uno y después de unos estiramientos y algún bañito en la “piscina”, todos a desayunar.

    Hoy recuperaremos la distancia que nos falto ayer, así que a las 9:00 ya estamos remando. El agua esta cristalina, y aunque debe haber 2-3m de profundidad se ve el fondo rocoso y decenas de peces con toda claridad.

    Poco después de pasar el Cabo Nero esperamos a Mariano que salió el último de la playa y aún no ha doblado el cabo. Poco después nos alcanza, traía mala cara, y es que le había pasado lo mismo que a Juanjo ayer, se quedo encallado en una roca, pero sin irse al agua, solo hubo que lamentar un buen rayón en el casco que no le dejaría dormir bien esta noche.

    Proseguimos y pasamos por la playa de Cupabia, el destino del día anterior. Lastima de no haber hecho noche aquí, es un arenal virgen rodeado de bosques, precioso.

    Toda esta costa se componía de monte bajo sin apenas relieve terminando en el agua con multitud de rocas redondeadas que minaban la costa.

    Después de cruzar la punta Di L’oga con la torre de Capriona en lo alto, llegamos a Porto Pollo, un pequeño enclave turístico con los típicos patines de alquiler, tumbonas y construcciones vacacionales. De repente frente a nosotros, una windsurfista en el agua agarrada a su tabla, intentando alcanzar la playa a nado. La pobre tenia muy mala cara, no sé cuanto tiempo llevaría arrastrando la tabla y encima con el viento en contra, así que uno que es un caballero... le ofrecí mi ayuda, y ella acepto sin dudarlo. Ate la tabla con mi cabo y empecé a remolcarla, ella se aferró a la popa de Mariano que también se apunto al rescate, mucho mejor así, yo no podía con las dos. En ese momento recordaba que era la segunda vez en mi vida que remolcaba a un windsurfista, si es que... ¿para qué querrán la vela?.

    Después de dejarla sana y salva en la orilla, fuimos adentrándonos en el gran Golfo de Valinco. Con viento a favor de fuerza 3-4 avanzábamos rápidamente hacia Propiano, haciendo alguna que otra surfeada decente, dejando a nuestra izquierda la larguísima playa de Tinutella.

    Desembarcamos en el puerto deportivo de Propiano, muy cerca había un súper donde pudimos comprar agua para llegar hasta Bonifacio. Allí decidimos comer debajo del tejadillo de la gasolinera del puerto, cutre... sí, pero la única sombra que encontramos. Hacía 35º grados a la sombra y los sobres de embutido chorreaban aceite así como el queso que no había por donde cojerlo...

    A media tarde ponemos rumbo a Campomoro, ya en la salida del golfo de Valinco. Ahora el viento y las olas que nos acompañaron hasta Propriano, los tenemos en contra, pero se navega bien, y después de pasar el gran arenal de Laurosu se suavizo la cosa. El sol ya estaba muy bajo e irradiaba una luz anaranjada que incidía sobre las singulares formaciones rocosas de la costa haciendo el deleite de todos nosotros.

    A última hora llegamos a la bahía de Campomoro, un pequeño núcleo de casas, con su torre de vigilancia en lo alto, una preciosa playa y multitud de pequeñas embarcaciones fondeadas, al abrigo de los vientos.

    Con los últimos rayos de sol de la tarde, nos dirigirnos directamente, a desembarcar frente al único bar de la playa, para tomarnos una cervecita bien fría y reparadora, después del bañito de turno... Sentados en un muro con la cerveza en la mano pudimos disfrutar del ocaso en todo su esplendor, mientras discutíamos sobre una familia que aun permanecía en la playa, ¿estaba más buena... la madre o la hija...?, se empezaba a notar la lejanía del hogar y de nuestras mujeres.

    Por la noche la cenita, el mayor momento de relax, en el que recordábamos lo ocurrido durante el día. Era también el momento de discutir que se cenaba. Un momento decisivo, ya que todos queríamos que se cenara algo de lo que transportábamos en nuestro kayak, y así aliviar algo, el peso del barco.


    Cruzando Punta Senetosa

    Cuarto día - de Campomoro al encuentro con Eolo en Cala Tizzano

    Por la mañana, una vez mas, amanece un día espléndido. Sol radiante, ni gota de viento... no tenía ganas de dejar este lugar atrás, aunque me consolaba pensar en otros bonitos parajes que nos esperaban mas adelante. Me acordaba de esas fotos en internet que tanto me estudie para hacer la ruta, había que conocerlo todo...

    Hoy es jornada de recuperación, nuestro próximo destino Cala Tizzano esta a unos 20km de recorrido, así que nos lo tomaremos relajadamente.

    Tras dejar atrás Campomoro navegamos otra vez rumbo Sur, sorteando cada dos por tres, grandes rocas que salpican la costa, hasta llegar a la cala D’Agulia. Una lengua de agua que se introducía en tierra, para terminar en una pequeña playa, abrigo natural para un par de veleros. Un buen refugio, a tener en cuenta en caso de mala mar.

    Tras dejar Agulia, nos damos cuenta que el cielo esta cobrando un color gris plomizo, y una ligera brisa empieza a rizar la superficie del agua...

    Tras pasar la punta D’Eccica la ligera brisa se había convertido en un viento considerable, que nos hacia emplear más fuerza para avanzar. Llegando a la punta Senetosa veo un velero que cruza el cabo y empieza a fondear a resguardándose en nuestro lado del cabo. Esto no me huele nada bien... espero en la punta para reagruparnos y afrontar lo que nos espera al otro lado. Mientras tanto me apretaba bien la gorra para no perderla...

    Al doblar el cabo el viento es fortísimo y levanta olas de 1m que por suerte no rompen, vemos nuestro destino de hoy Cala Tizzano, en línea recta a unos 6km pero con el viento justo de frente.

    Yo que venía a Córcega preparado para el fuerte viento del Norte... va y nos encontramos con un Sur-Este “cabron”.

    Era poca distancia, seria el final de etapa y el grupo estaba preparado para ello, así que todos afrontamos la decisión de llegar como fuese.

    Al principio era divertido, los kayaks incluso con el peso que transportábamos, despegaban del agua la mitad del casco para acabar en una buena zambullida y pude inmortalizar algún momento con mi cámara.

    A medio camino, la situación se tornaba muy pesada, la fatiga ya se dejaba notar. Era una lucha constante contra el viento y por mantener bien el rumbo del kayak. Nos empezamos a distanciar unos de otros, nadie quería ceder ni un metro de mar al viento, en unos segundos que tardaba en hacer una foto, retrocedía muchos metros. Fuertes ráfagas hacían agarrar la pala con fuerza para que no saliera volando. En un momento, tengo el humor de sacar el anemómetro para medir, fuerza 5-6 con rachas de 6, ya decía yo que nos estaba costando un poco avanzar...

    La lucha sicológica era mas fuerte que la física, aunque la playa estaba frente a nosotros parecía no acortarse nunca la distancia y tenia que mirar de vez en cuando el GPS para ver que avanzábamos algo. Efectivamente nos movíamos a unos 4km/h.

    Casi en la recta final, la pala del timón de Mariano, que ya tenia algún achaque, no pudo aguantar mas las envestidas, y finalmente se partió, dejándole sin timón el resto del viaje, cosas que pasan con estos aparatos...

    Finalmente, tras 1,5h de lucha contra el viento, arribábamos uno tras otro a Cala Tizzano.

    ¿Y Cano...?¿dónde esta Cano?, preocupados intentamos divisar en el horizonte su kayak blanco entre tanto borreguillo. ¿Y si se ha caído...? ¡habrá que ir a buscarle...!, al rato distinguíamos a lo lejos sus palas rojas y esa cadencia de paleo inconfundibles.

    La jornada de remo ya había terminado y después de comer tocaba siesta, sesión de estiramientos, y arreglar alguna que otra contractura con el Compex de Guillermo. Así pasamos la tarde hasta que llego la hora de cenar.

    Hoy decidimos darnos un atracón de pizza para cenar, en uno de los restaurantes del pueblo. La camarera, como todo el mundo en esta isla, nos confundió con italianos... pocos españoles han visto por estas tierras.

    A la hora de meternos en el saco, a lo lejos se veían relámpagos y nubes densas que empezaban a cubrir la luna, cuando cayeron un par de gotas decidimos montar las tiendas por primera vez. Aunque todo se quedo ahí, la tormenta pasó de largo, aunque no dejo de soplar bastante viento toda la noche.


    La calma antes de la tempestad

    Quinto día - de Cala Tizzano a Chevanu

    Por la mañana, seguía soplando demasiado viento, así que decidimos levantarnos con los primeros rayos de sol, y así evitar en lo posible, las peores ráfagas que se pudieran formar a medio día.

    A las 8:00 de la mañana ya estábamos remando, Cano y Juan salieron los primeros como aviones sin esperar al resto. Esta vez si había problemas no querían quedarse atrás. En el cielo multitud de nubes negras no presagiaban nada bueno.

    Cruzamos el precioso Golfo de Murtoli y en nuestra misma dirección el cielo se tornaba cada vez mas negro. Lo que parecía una tormenta en el horizonte cada vez estaba mas cerca.

    Atravesando ya el golfo de Roccapina no había ni rastro de Cano y Juan, habrían cruzado ya el Cabo de Roccopina...

    La mar rizada que se apreciaba a lo lejos, se acerca rápidamente, me ato bien la gorra, me aferro fuerte a la pala, y espero la embestida.

    ¡Joder...! ¿quién abrió a puerta...?, fuerza 5 y una vez más de frente... cuando no habíamos hecho ni la mitad de la etapa. Rápidamente pusimos rumbo a la playa buscando la protección del cabo y allí desembarcamos para replantearnos la situación. Finalmente decidimos esperar, ya que teníamos buen cobijo, a que amainara un poco el viento, y confiando en que los dos adelantados habrían tenido el buen juicio de desembarcar en la siguiente cala.

    La espera se hace eterna, y encima se pone a llover... un catamarán se acerca desde alta mar y entra en nuestra bahía para fondear. ¿Tan grave seria la cosa para un barco tan grande?

    Después de una hora sentados en aquella gran playa desierta, la intranquilidad de no saber donde estaban Cano y Juan nos comía por dentro, y a la primera calma aparente decidimos probar suerte, e ir a su encuentro.

    Caras serias sin decir una palabra, la tensión se notaba en el ambiente...

    La calma aparente era una ilusión, porque al cruzar el cabo la situación era tremenda.

    Olas montañosas nos rompían en la cubierta, viento fuerza 6 con rachas que llegaban a los 55km/h, teníamos que remar muy bajo para que el viento no nos arrancase la pala. La situación requería de los cinco sentidos para remar, aunque por lo menos las olas nos venían de proa...

    Llevábamos un rato remando y apenas habíamos dejado atrás el cabo, Guillermo con su hombro tocado tras el esfuerzo de ayer no lo tenia nada claro, y la incertidumbre de no saber cuanto tiempo tendríamos que remar en estas condiciones, nos hizo pensar en dar media vuelta y volver a resguardarnos tras el cabo, esperando que se calmara muuucho mas el viento.

    Ya de vuelta en nuestro refugio, para sorpresa de todos, los miembros perdidos se acercan andando. Como suponíamos habían desembarcado en la siguiente cala.

    Después de descansar un rato con nosotros, pactamos reunirnos con ellos en cuanto amainara el viento, así que regresaron a sus kayaks con una de las tiendas, por si la cosa se alargaba hasta mañana.

    Después de comer, el milagro se produjo, empezó a despejarse el cielo y amainar el viento. La tormenta solo nos había rozado y ya pasaba de largo.

    Sin tardar ni un minuto, embarcamos al encuentro de Cano y Juan.

    De nuevo estábamos en ruta, y aun nos quedaban unos cuantos km por delante hasta la playa de Chevanu. Las ganas de terminar la jornada se notaban en el buen ritmo de paleo al que íbamos.

    Antes de entrar en la ensenada de Chevanu cruzamos por en medio de las islas Bruzzi, preciosa reserva natural para la cría de multitud de aves marinas, las cuales ni se inmutaban ante nuestra presencia. No tengo claro que estuviese permitido cruzar por aquí...

    Poco después, desembarcábamos en Chevanu. La jornada se había hecho muy larga, pero teníamos la recompensa de disfrutar lo que quedaba de día en este precioso lugar.

    Esta playa es muy singular por tener tras de sí, un lago de agua dulce, pero por estas fechas se encontraba medio seco.

    A lo lejos se adivinaba lo que seria una cala, por el blanco de su arena, a la cual, los que estaban a la cabeza, por instinto se dirigieron rápidamente, antes de quedarnos sin luz.

    quella cala no me sonaba que fuese nuestro destino y por su orientación no nos protegería demasiado del viento, tras una consulta al GPS, y ya de noche, continuamos remando, nuestra cala estaba cerca. A lo lejos ya se veían las luces de Bonifacio, y a nuestra derecha se podían divisar luces de la cercana Cerdeña. Poco después, dábamos con la escondida Cala Fazziolu.

    Una preciosa cala en el interior de una pequeña bahía, protegida en su boca por un gran islote.

    Por fin a eso de las 10:45 poníamos pie en tierra firme, cansados y destemplados por la humedad y el viento.

    Ya secos y cenando, aun se sentía el fuerte viento y oleaje en el exterior de la bahía. No podíamos haber encontrado un sitio mejor para pasar esta noche...


    La reserva natural de Iles Bruzzi