• Artículos Especial en Top Kayak

  • Travesía en kayak de mar, por la costa SW de Córcega

    Por Cesar Moratinos (http://kayakdemarcantabria.spaces.live.com/)

    Por cortesia de Cesar Moratinos publicamos su relato de la travesia que realizó por la Costa sur oeste de Córcega, entre Ajaccio y las Islas Lavezzi. Des de topkayak os recomendamos su blog:(http://kayakdemarcantabria.spaces.live.com/)


    Suit en el barco de ida de Marsella a Córcega

    La gestación de la travesía en kayak de mar

    Ya desde el verano pasado, cuando terminamos la vuelta a Ibiza, tenía claro que mi próximo destino seria la isla de Córcega. En concreto me decante por la costa Sur-Oeste comprendida entre Ajaccio y las Islas Lavezzi, en el extremo Sur. De esta zona no había nada de información ni relatos de alguna travesía realizada, lo que le daba un poco mas de aventura al viaje.

    A medida que avanzaba el año 2006, la travesía fue cobrando más vida, después de que a los compañeros les pareciera genial el viaje y se apuntaran sin dudarlo dos veces.

    Planificar este tipo de viajes no es complicado pero si un poco laborioso, ya que requiere estudiar bien la cartografía y fotos aéreas en busca de rincones bonitos y protegidos para finalizar las etapas, además de promediar los kilómetros a realizar cada día, informarse de la meteorología predominante, posibles vías de escape etc. Después de ver tantos mapas y fotografías me sabia de memoria cada rincón a recorrer…

    Después de planificar la logística de los coches, los billetes de barco y hacer la correspondiente compra de víveres para todo el viaje, finalmente el día 1 de Julio a las 5:00 de la mañana, después de cargar los kayaks en los coches, partimos de Santander rumbo a Marsella.

    El viaje en coche se nos hizo tremendamente largo y lleno de percances, una de las cuerdas que ataba la placa de señalización se soltó en plena carretera dándonos un gran susto, nos perdimos al entrar en Francia, una retención interminable causada por un accidente, que por un momento nos hizo pensar en que perderíamos el barco, y por si fuera poco, la pala de Mariano salió volando de la vaca en medio de la autopista, haciéndose mil pedazos. Menos mal que fuimos previsores y llevábamos dos palas de repuesto… aunque para Mariano no seria lo mismo este viaje sin su pala favorita.

    Por fin después de 12h en la carretera, llegamos al puerto de Marsella con tiempo suficiente para el embarque. Poco tiempo después desde la cubierta del barco veíamos alejarse la costa del continente cada vez más.

    Ya estábamos rumbo a Córcega y ahora nuestra ocupación se centraba en buscar nuestras butacas para pasar la noche. Después de recorrer medio barco por fin las encontramos. Eran realmente deprimentes, parecían butacas de tren de tercera, metidas en un salón interior sin ventanas, así que decidimos buscarnos un buen sitio tranquilo en una de las cubiertas del barco. Allí cenamos y montamos el campamento para dormir. La experiencia fue magnifica, el cielo despejado, la luna en lo alto y el sonido de la espuma formada por el barco, todo ello me ayudó bastante a conciliar pronto el sueño mientras pensaba en las aventuras que nos depararía esa gran isla, ¿seria como la esperábamos…?



    Llegando a Córcega

    Primer dia - Salida des de la playa de Ricanto

    A eso de las siete de la mañana abrí los ojos, los nervios por ver si estábamos cerca de la isla, me hicieron salir del saco como una bala, me asomé por la borda y ahí estaba… Ya se perfilaban sus altas cumbres con el sol rojizo del amanecer despuntando tras de sí, la foto fue perfecta. Poco después desembarcábamos en el puerto de Ajaccio.

    Lo primero que hicimos fue dirigirnos a las afueras, a la playa de Ricanto, un arenal que se extendía varios km en dirección Sur. Allí empezamos a descargar los kayaks y el equipo, por fin poníamos pie en arenas Corsas…

    Una vez estuvo todo descargado, tres compañeros se quedaron vigilando el equipo en la playa y los otros tres, con los dos coches, nos dirigimos al cercano aeropuerto de Ajaccio, para alquilar un tercer vehículo, y así poder regresar en él, una vez aparcados los dos nuestros en Bonifacio. Allí se quedarían preparados para nuestra llegada el ultimo día. Por delante nos quedaban 160 Km de tortuosas carreteras con millones de curvas y tres puertos de montaña de 1ª categoría, una pesadilla… Eso sí, el paisaje espectacular, todo verde y frondoso, con pueblecitos muy pintorescos, merecía la pena conocer el interior de la isla, aunque fuera de pasada. Incluso pudimos ver fugazmente alguna de las playas por donde pasaríamos en kayak días después. Que nervios nos entraron por coger ya los kayaks.

    A una media de 50-60 km/h, no se podía correr mas… el viaje se hizo muy pesado, pero al fin, a eso de las cinco de la tarde estábamos de vuelta con el resto de compañeros, que ya estaban hartos de esperar (nosotros hartos de conducir…) y empezamos a repartir la comida e intentar que todo entrase dentro de los tambuchos. La tarea fue realmente difícil y a todos nos parecía que tendríamos que dejar algo en tierra. Pero no, entraron hasta las dos sandias de 3kg que compramos.

    Con todo cargado los kayaks pesaban una barbaridad. Y es que nuestro error, fue comprar la comida para todo el viaje en España, pensando que nos sería difícil encontrar tiendas para comprar a media travesía y que probablemente fuese mas cara. Luego pudimos comprobar, que la diferencia de precio no era tan elevada y hubiese compensado pagar un poco mas por no cargar tanto peso desde el principio…

    Por fin a eso de las 6:30 de la tarde, nos embarcamos rumbo Sur.

    Tanto trabajo, tanta preparación... pero al final allí estábamos, remando en Córcega.

    El gran peso de los kayaks, se notaba sobretodo a la hora de girar el barco, pero con el paso de los días, ya se irían aligerando un poco mas...

    Después de dejar atrás la playa de Ricanto, pasamos la punta de Porticio, el tiempo era estupendo y nos acompañaba un ligero oleaje de costado, que amenizaba la travesía.

    Por lo que podíamos ver, esta seria la zona residencial de Ajaccio, grandes mansiones en medio de frondosa vegetación jalonaban las laderas de la costa, y multitud de embarcaciones de recreo fondeaban en las calas.

    Despues de doblar la punta de Sette Nave, pusimos rumbo a una pequeña y tranquila cala, en el interior de la ensenada Ottioni.

    Allí pudimos disfrutar como niños, de nuestro primer baño en aquellas tranquilas y cristalinas aguas, a la vez que el sol caía sobre el mar.

    Mañana dejaríamos atrás tanta civilización.

    Cano en Ecueils d'i Campanili

    Segundo día - de la ensenada Ottioni a las cervezas de Cala D’Orzu

    A las 8:00 de al mañana el sol brillaba con toda su fuerza y se hacia imposible permanecer mas tiempo en el saco y a las 9:00 ya estábamos remando. El mar esta tranquilísimo y nos acompaña una ligera brisa, que alivia un poco el calor que hace. Las casas a pie de costa rodeadas de bosques interminables nos siguen fascinando.

    Poco después de pasar la Ile Piana, la mitad del grupo esta un poco adelantado y les perdemos de vista al doblar un pequeño cabo, de repente oigo a Guillermo llamándome tras de mí, me giro y veo el kayak de Juanjo panza arriba, di la vuelta en redondo y reme con todo lo que podía dar ya que no veía aparecer a Juanjo, los segundos se me hacían minutos... por fin cuando llegué a su altura apareció resoplando de debajo del kayak, estaba perfectamente, solo un poco sorprendido. Ante el buen estado de la mar y cercanía de la costa, unos 30 metros, opte por hacer el reembarque en aguas menos profundas más cómodamente. Mientras Juanjo se acercaba nadando, yo le remolcaba el kayak medio hundido hasta que hizo pie, intentamos vaciarlo de agua por el método en T, pero al llevar tanta carga no había manera de izar la proa del barco ni 10cm, así que nos tocaría achicar todo el agua con la bomba de mano... Mientras tanto Guillermo rescataba restos del naufragio, gorra, bidón etc, que andaban flotando. Al parecer según sus palabras remaba un poco dormido todavía y no vio una roca muy superficial. Justo cuando pasaba por encima, la ola que la cubría, pasó de largo, y le dejo el kayak en el aire apoyado sobre la roca, perdió el equilibrio y volcó. Cosas que pasan, no sería el ultimo en llevarse un susto en este viaje...

    Más adelante nos reunimos con el resto en la playa de Portigliolo, explicaciones de lo ocurrido, cachondeito y bañito reparador...

    Poco después cruzamos el Cabo di Castagna con su torre de vigilancia en lo alto. Estas antiguas torres que hay apostadas en cada cabo son muy características de Córcega y gran reclamo turístico ya que le da un aire muy pintoresco.

    En Castagna remamos entre los Escuils d’i Campanili, el primer jardín de rocas que nos encontramos. Es una gozada remar entre estas grandes formaciones de granito blanco tan redondeadas y pulidas haciendo a caprichosas formas increíbles. Eso si estas zonas de poco fondo son peligrosas para los kayaks de fibra, así que algunos optan por dar un rodeo.

    Después de cruzar el cabo, éste nos priva de la brisa que nos acompañaba, el calor se hizo insoportable, las gotas de sudor ya me entraban por los ojos. En línea recta a 2km que se hicieron como si fueran 10 ya veíamos nuestro destino para comer. Anse Rossa, una pequeña y bonita cala virgen.

    Para comer resguardados del sol nos tuvimos que adentrar en el bosque y allí comimos y echamos una buena siesta reparadora.

    A partir de aquí dejamos de ver todo rastro de civilización y la costa se torna totalmente salvaje y agreste, lo que todos buscábamos en este viaje.

    A media tarde ponemos rumbo a Cap Muro, que ya se percibe en línea recta, un pequeño oleaje de 0,5m que viene de costado nos ameniza mucho el recorrido. Hasta Cap Muro toda la costa la forman grandes acantilados. Justo en la punta del cabo el mar se agita un poco mas, por fin algo movidito... después de unas fotos en Muro, hacemos una parada para estirar las piernas en la Cala D’Orzu. Bonito rincón con un solitario chiringuito en mitad de la playa, que invitaba a tomarse una buena cerveza. Todo un error ya que una vez sentados en su terraza, la idea de proseguir hasta nuestro destino, la playa de Cupavia, no apetecía en absoluto, ya que la tarde estaba llegando a su fin. Así que allí montamos el campamento y cocinamos nuestra primera cena, que por cierto supo a gloria, seguro que gracias al entorno en el que nos encontrábamos...


    Kayaks en Cala d'Orzu