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  • Descenso en kayak del Río Esla (León y Zamora)

    Por Carlos F Rodriguez del Rotomod Team Todos en alguna ocasión nos hemos planteado qué tipo de kayak podría servir en condiciones tan variadas como rápidos de clase III, largas distancias en embalses, cortas travesías por el mar y por supuesto transportando con nosotros todo el material de acampada necesario para disfrutar de todo ello en plenas condiciones...nos aseguraron que la Solo (Rotomod) era un barco con estas características y decidimos comprobarlo. Para ello planeamos el descenso integral del río Esla (León y Zamora), un recorrido de unos 150 kms en el que se alternan tramos de grandes rápidos con largas etapas que discurren por largas tablas de corriente moderada o nula.

    La Sólo da pleno sentido a la expresión “Turismo Naútico”. Castillo de Valencia de Don Juan desde el río

    La primera etapa del este descenso sabíamos que iba a ser crítica en cuanto a las impresiones que recibiríamos de la Solo, siempre con la intención de abandonar el descenso si realmente el barco no estaba a la altura de las circunstancias.

    Desde el comienzo encontraríamos pasos estrechos con concentraciones de agua y bastantes rocas que son frecuentados por los “aguabraveros” en la época de máximo caudal; ahora, a principios del otoño, el caudal era menor lo que hacía a los pasos menos violentos pero a la vez más técnicos.

    Las primeras paladas transcurrieron con escepticismo en las posibilidades del barco en estas condiciones, escepticismo que menguó a la misma velocidad con la que comenzamos a atravesar los primeros rápidos.

    Inmediatamente le cogimos afición a esta navegación precisa y muy veloz en la que las orillas pasaban a una velocidad desconocida en un descenso de aguas bravas... es decir, que le cogimos el gusto y le dimos cera a tope durante la primera hora de más desnivel para acabar completando la primera etapa de 35 Km. en apenas tres horitas con una parada técnica de rigor. La paradita la hicimos en un gran rápido en el que en algunas ocasiones llevamos a principiantes para que tomen contacto con las aguas bravas.


    Surfeando con la Solo a plena carga en una de las olas del Esla....increíble.

    Tentamos con la Solo todas la maniobras típicas de un descenso puro de aguas bravas, bacs, tomas de corriente, entrada a contras... el barco era capaz de entrar con cierta agilidad en las contras lo que desde el punto de vista de la seguridad nos pareció perfecto pero a la hora de atravesar corrientes para hacer bacs la rapidez del barco y su agarre al agua condicionaban que todos los movimientos requirieran la mayor precisión.

    En cuanto a las corrientes laterales vimos que la Solo prácticamente perdonaba cualquier fallo a la hora de entrar en las corrientes lo que acabó de convencernos de su seguridad. Como no podía ser de otra manera, y a pesar de no llevar ropa adecuada no pudimos evitar la tentación de probar los esquimotajes...¡qué suaves!

    Al ser un barco con cubierta elevada la preparación se hace muy rápidamente y basta un pequeño tirón de cadera para voltear el barco sin esfuerzo. De repente caímos en la cuenta ¿pero no llevamos los sacos y todo lo demás “ahí” atrás....?

    La estanqueidad de los tambuchos fue impecable incluso en un uso algo “descerebrado” para tratarse de una travesía de larga duración (tres días más tarde los tambuchos aguantaron una pequeña nadada de cierto “individuo” sin que les entrara nada de agua)


    Una pequeña presa del Río Esla.

    El final de esta jornada transcurrió por bastantes kilómetros de aguas más tranquilas que afrontamos con el “calentón” de que las cosas pintaban bien. A la hora de meternos en el saco, perfectamente secos, teníamos la sensación de tener frente a nosotros un viaje apasionante. Durante las tres jornadas siguientes navegamos por un Río Esla más tranquilo pero en movimiento en todo momento.

    A partir de Valencia de Don Juan el río se dividía frecuentemente en ramales estrechos y a veces de poco calado en los que siempre había que estar atentos para encontrar la vía de agua óptima y al mismo tiempo poder detectar troncos cruzados a tiempo de iniciar “maniobras evasivas”.

    Nos dábamos cuenta de que a pesar de que pasábamos el día entero en el río no sufríamos los típicos calambres de ir en barcos incómodos y frecuentemente hacíamos paradas en las que ni siquiera bajábamos a tierra (pero también hicimos paradas para hacer el ganso y que no voy a relatar aquí); todo redundaba en un gran optimismo que apenas se vio truncado por un impresionante aguacero y por algún que otro porteo obligado por haber elegido el ramal “de los coj... sin agua”.

    También en estas ocasiones encontramos ventajas en nuestros kayaks, ya que mover barcos más largos y más pesados a través de un denso bosque de rivera puede ser a veces sencillamente desesperante...